La conciencia de la muerte en animales no humanos (Parte I)

La conciencia de la muerte en animales no humanos (Parte I)

Son muchos los casos documentados en los que diferentes especies de animales han mostrado comportamientos de diferentes tipos hacia cadáveres. Si bien los casos pueden considerarse observaciones anecdóticas e involucran pequeños tamaños muestrales, hace pensar que el sentir dolor por una pérdida y el ser consciente de la muerte no sea único de los humanos. En este artículo expondremos algunos casos en los que diversas especies de animales exhiben sorprendentes comportamientos con respecto a la muerte.

En humanos adultos el concepto de muerte implica comprender 4 componentes: inevitabilidad (todos los organismos vivos morirán), irreversibilidad (un individuo muerto no puede volver a la vida), no funcionalidad (un individuo muerto no puede sentir, pensar, percibir o actuar) y causalidad (la muerte como consecuencia del mal o el no funcionamiento de una o más funciones vitales corporales). Según estudios, los niños comprenden estos 4 conceptos a la edad de 10 años, aunque puede variar dependiendo de la experiencia y madurez del niño.

Conciencia de la muerte en primates no humanos

Desde los estudios a largo plazo que comenzaron Jane Goodall y Toshisada Nishida, se sabe que las hembras de chimpancés a menudo transportan los cuerpos de sus crías fallecidas durante un periodo que se extiende desde un par de días hasta varios meses. Un caso documentado en 2009 es el de una madre que de repente reaparece en el grupo transportando a una cría fallecida. La hipótesis del autor del artículo, T. Kooriyama,  es que la cría habría nacido muerta (1-2 días atrás), ya que su cabeza parecía estar un poco oprimida en el punto de la nariz. Además, no había señales de canibalismo en el cadáver. Cuando la madre apareció con ella, dos de los chimpancés del grupo hicieron display (i.e. demostraciones de fuerza) hacia ella. Después, todos se sentaron alrededor del cuerpo y uno de los machos lo inspeccionó.  A continuación, una hembra trasladó el cuerpo hacia un árbol y lo inspeccionó también. Más tarde, esa misma hembra cogió el cuerpo, lo zarandeó empujándolo violentamente hacia el suelo y después se lo llevó fuera de la vista del grupo, apareciendo media hora después sin la cría. Lo importante de esta observación es que revela que una hembra de chimpancé puede llevar a su cría muerta incluso cuando no ha pasado el tiempo suficiente para establecer una relación madre-hija. Además, es probable que la madre hubiera seguido transportando a la cría si no se hubiera encontrado con el grupo, ya que trató de recuperar el cuerpo de su cría varias veces.

El siguiente caso que exponemos es también muy impactante al haber un empleo de herramientas sobre un cadáver. El joven chimpancé Thomas falleció por una infección de los pulmones. Lo que los investigadores de la Universidad de Sant Andrews (Escocia) observaron en este grupo de chimpancés de Zambia fue que cuando el chimpancé murió, los demás sintieron gran curiosidad por él, visitándole al menos una vez y reuniéndose en círculo a su alrededor. Cuando llegó la hora de comer, todos desaparecieron excepto su madre adoptiva, Noe, que se quedó sentada con el cadáver. Al poco de quedarse sola, la madre retiró los restos de comida que quedaban en la boca de su hijo con un tallo de hierba (vídeo). A continuación, cogió un montón de hierbas y se las introdujo en la boca. Los investigadores observaron que después de sacar las hierbas, Noe las examinaba, como si buscara algo, y las volvía a introducir. Además, frotó e inspeccionó los dientes uno a uno. Se desconoce si esto puede ser un ritual funerario similar al del ser humano, pero como bien afirma el director del grupo de investigación, Edwin van Leeuwen, es una muestra más de la existencia de compasión en primates no humanos.

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Una chimpancé adulta inspecciona el cadáver de su cría (izquierda) y deja al cuerpo en el suelo mientras se alimenta (derecha).  Anderson, 2016

Curiosamente, las reacciones observadas son diferentes dependiendo del tipo de muerte. Un ejemplo es el de la muerte de Pansy, una chimpancé de unos 50 años que vivía en un Safari junto con otros congéneres, entre ellos su hija de unos 20 años. Los días anteriores a la muerte, como si predijeran lo que estaba por venir, sus compañeros fueron muy atentos con ella y durante los 10 minutos anteriores a su defunción, sus compañeros de grupo la acicalaron y acariciaron 11 veces, más frecuentemente que los días anteriores. Sin embargo, ninguno la acicaló después de que muriera, aunque sí inspeccionaron su boca y manipularon sus extremidades. Rosie, su hija, permaneció junto al cuerpo de su madre casi toda la noche, en una parte de la plataforma del recinto interior donde nunca antes había dormido. Las reacciones de los demás chimpancés también fueron interesantes, ya que mientras dormían en sus nidos, cambiaron de postura entre 11-42 veces, cuando lo normal es que cambien entre 0-14 veces de postura durante la noche. Además, el macho realizó 3 displays esa noche, cuando en estudios anteriores vieron que había hecho el mismo número de displays (3) pero en 29 noches. Además, tras cada display terminaba atacando al cadáver. Durante los días siguientes, el grupo de chimpancés permaneció profundamente alicaído, comiendo menos de lo habitual. Curiosamente, ninguno de ellos durmió en la misma plataforma donde murió Pansy hasta una semana después. En contraposición, se documentó un caso en el que un adulto murió después de caerse de un árbol. Los chimpancés presentes realizaron exhibiciones (displays) agresivas acompañadas de llamadas de alarma y de mucho contacto mutuo. Algo parecido ocurrió cuando una juvenil murió debido al ataque de un leopardo.

Y aquí no acaba la cosa, ya que también se ha visto que los chimpancés (y también los gorilas, como mostramos en el artículo sobre Koko, cuando esta reaccionó con tristeza ante la muerte de su querido gatito All Ball) reaccionan tristemente a la comunicación de una muerte incluso de otra especie. Este es el caso de Washoe (1965-2007), una chimpancé que fue “criada” por  los doctores Beatrix T. y R. Allen Gardner en 1966 tras quedarse huérfana (su madre fue asesinada en África) y que después fue “adoptada”  por el profesor Roger y por Deborah Fouts en 1970. Washoe se convirtió en la primera chimpancé a la que se le enseñó el Lenguaje de Signos Americano (ASL).Al igual que ocurría con Koko, Washoe era capaz de comunicar miedo, alegría, tristeza y empatía.

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Washoe y Kat. Friends of Washoe

Una de sus cuidadoras (muy querida por la chimpancé), Kat, estaba embarazada y faltó durante un tiempo. Cuando volvió, al principio Washoe la ignoró, se había enfadado con  ella por su ausencia… Hasta que Kat pudo explicarse. Lo que ocurrió es que la cuidadora tuvo un aborto espontáneo y desgraciadamente perdió al bebé, comunicándole a Washoe “mi bebé murió”. La chimpancé le respondió con las palabras “llorar” y “please person hug” (“por favor persona abrazo”). Washoe anteriormente dio a luz a dos crías y ambas fallecieron prematuramente. En una de estas ocasiones, después de que la cría de Washoe fuera apartada de ella debido a su muerte por una enfermedad, le preguntó a Fouts “¿bebé?”, a lo que él respondió “bebé muerto, bebé se fue, bebé acabado”. Según Fouts, la chimpancé dejó caer sus brazos sobre el regazo y se fue a un rincón lejano donde permaneció con la mirada perdida.

Ya en la década de los 60 también se reportaron casos en los que gorilas de montaña (Gorilla beringei beringei) transportaron a sus crías muertas durante 2-4 días. Hasta no hace tanto nunca se había documentado el transporte de cadáveres por parte de hembras que no estuvieran emparentadas con las crías. Sin embargo, el grupo de investigación liderado por Ymke Warren observó en el Centro de Investigación Karisoke (Fundación Internacional del Gorila Dian Fossey) cómo cuatro hembras transportaron cadáveres de dos crías desde 15 hasta más de 24 días. Dos de las hembras eran madres primerizas (las madres de las dos crías fallecidas) y las otras dos eran hembras nulíparas, esto es, que nunca habían parido, pero se encontraban en los últimos meses de gestación. A pesar del deterioro de los cuerpos a lo largo de los días, las hembras los trataban como si estuvieran vivos: los acicalaban, los defendían si se acercaban otros gorilas… El porqué de que las hembras no emparentadas transportaran los cadáveres podría explicarse por la hipótesis de “aprender a ser madre” (“learning to mother”). Parece probable que los beneficios de aprender a ser madre puedan obtenerse con cadáveres, ya que las habilidades motoras necesarias para llevar a una cría mientras se viaja y se busca alimento aun pueden ser adquiridas. Cabe destacar que los hijos de las dos hembras que no habían parido en el momento de las observaciones sobrevivieron con éxito. Es posible que todo esto fuera causado por el estado interno de las hembras, ya que según afirman varios artículos, las hembras de primates no humanos están predispuestas hormonalmente a ser madres en las últimas semanas de la gestación.

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Macaco transportando el cadáver de una cría casi momificada. Sugiyama et al., 2009

El macaco japonés (Macaca fuscata) es otra especie de primate bastante estudiada y donde también se ha documentado el transporte de crías fallecidas por parte de sus madres. Y no solo transportan a las crías que no llegan a cumplir 1 mes de edad, sino también a crías más mayores, aunque según un estudio observacional realizado durante 9 años, el porcentaje de transportes de crías que murieron  entre 1 y 30 días después de su nacimiento fue mayor. Esto podría explicarse porque en esa etapa la cría es fuertemente dependiente de la madre, lo que reforzaría a la madre en su maternidad. Incluso a veces un cadáver puede ser transportado hasta que se momifica. Además, como en otras especies, las madres exhiben conductas con los cuerpos como si estuvieran aun vivos, protegiéndolos, por ejemplo, si algún congénere curioso se acercaba al cuerpo sin vida. También se ha visto que estas conductas no son diferentes entre las madres primerizas y madres más veteranas, por lo que cabe pensar que no es un comportamiento que se aprenda.

Asimismo, se han documentado casos de transporte de crías fallecidas por sus madres, otras hembras del grupo e incluso hembras de otro grupo en un primate más distanciado genéticamente de los humanos. Es el caso del gelada (Theropithecus gelada). Al igual que ocurre en los chimpancés y en gorilas, también observaron cómo las madres y las otras hembras acicalaban (“grooming”) a los cadáveres.

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a) Gelada adulta sosteniendo a su cría momificada a los 10 días de su muerte. b) Primer plano de la cría momificada. c) Gelada adulta tranportando a su cría hasta 48 días después de su muerte. La flecha indica donde se había descompuesto la piel de la cabeza de la cría. d) Gelada adulta acicalando a su cría muerta. e) Gelada juvenil transportando el cadáver de una cría de otra hembra del grupo. f) Gelada juvenil acicalando el cadáver de una cría de otra hembra del grupo. Fashing et al., 2010

Estas curiosas prácticas no tendrían porqué ser consecuencia de que las madres entiendan el concepto de muerte. Sin embargo, estos comportamientos serían biológicamente ilógicos, ya que no parecen beneficiar para nada a la madre al haber un malgasto de energía en ese transporte y cuidado del cadáver. Por tanto, continúa habiendo una incógnita a este respecto.

Las posibles evidencias de que estos animales se preocupan o sienten la muerte de sus familiares no son sólo observacionales. Unos investigadores comprobaron como una papión chacma (Papio ursinus) adulta salvaje en Botsuana tenía altos niveles de glucocorticoides (indicadores de estrés) justo después de que un pariente cercano muriera por un depredador. Mientras que otras de las hembras del mismo grupo pero no tan cercanas al fallecido no exhibieron tal aumento de estrés.

Conciencia de la muerte en delfines

Se han documentado comportamientos epimeléticos (es decir, comportamientos que proporcionan cuidados y atención) en varias especies de cetáceos, tanto en libertad como en cautividad, como por ejemplo en el delfín común (Delphinus delphis), la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae), la ballena piloto (Globicephala macrocephalus), la marsopa común (Phocoena phocoena), el delfín de hocico estrecho (Steno bredamensis) y sobre todo en el delfín mular (Tursiops truncatus). Ahora bien, la pregunta que aquí nos concierne sería si se ha visto que alguna de estas especies haya reaccionado a la muerte de algún individuo y si ha sido así, cuáles fueron dichas reacciones o comportamientos.

Durante un viaje de rutina, un grupo de investigación observó a un conjunto de seis delfines mulares moviéndose lentamente por la costa. Cuando se acercaron vieron que dos de ellos intentaban sostener en la superficie a una cría muerta de 1.5 m aproximadamente. A medida que el bote se acercaba, la cría fue lanzada hacia el fondo, pero cuando el barco se retiró, los mismos delfines volvieron a levantarla hacia la superficie. Esta acción se repitió varias veces más, mientras que el resto de los delfines permanecían a unos 150 m de distancia. El suceso culminó cuando los dos adultos empujaron de nuevo a la cría hacia la superficie, pero esta vez la liberaron. Los investigadores no pudieron recuperar el cuerpo, por lo que la causa de la muerte se desconoce, aunque no eran visibles cortes ni abrasiones. Tampoco se sabe cuánto tiempo estuvieron soportando el cadáver ni si habrían continuado haciéndolo si no hubieran sido molestados. Aun así, este caso proporciona una fuerte y directa evidencia de comportamiento epimeléticos en delfines en libertad, lo cual tendría claras implicaciones para la supervivencia de los delfines relacionados genéticamente.

En otra ocasión, unos pescadores observaron a un delfín adulto que parecía tratar de impedir que una cría varara en la costa. Otros delfines se movían en dirección de las agujas del reloj alrededor de la presunta madre y cría. Cuando los pescadores intentaron aproximarse al grupo, los delfines que circulaban comenzaron a dar “palmadas” con la cola. La cría, fallecida, se encontraba hinchada y con la boca abierta. Un día después, un hijo de uno de los pescadores se topó con una escena similar: un adulto mantenía a la cría muerta a flote mientras que otros delfines nadaban a su alrededor en sentido de las agujas del reloj.

En otra ocasión se reportó que había un delfín muerto flotando. Cuando los voluntarios llegaron, observaron a un adulto que empujaba al cadáver con su rostro. Cuando el bote se acercaba, el adulto sumergía el cuerpo y aparecía en la superficie 50 m más allá. Uno de los voluntarios pudo acercarse y cuando agarró la cola de la cría, la presunta madre continuó empujando el cuerpo, haciéndolo parecer que seguía con vida. Cuando supieron seguro que la cría estaba muerta, subieron el cuerpo al bote y la madre empezó a nadar frenéticamente debajo y cerca del bote. El examen del cadáver reveló que presentaba marcas de mordiscos y arañazos, estos últimos presentes en la aleta derecha, seguramente por donde el adulto le había sostenido. Aun así, la causa de la muerte no fue concluyente.

Otro grupo de observadores, liderado por Dave Anderson del Whale Watching Safari vieron un grupo de delfines mulares cerca de su barco. Lo asombroso fue que uno de los delfines adultos, en concreto una hembra, llevaba el cuerpo de su cría muerta en su aleta dorsal (vídeo). Según Anderson, la cría llevaría muerta varios días, incluso posiblemente semanas, ya que la carne estaba podrida. También apuntó que probablemente el animal mantuviera a la cría cerca de la superficie para que pudiera respirar. Asumió esto ya que los delfines no suelen nadar con las aletas dorsales sobresaliendo del agua de manera continua, como la hembra sí hizo.

El grupo de investigación del Instituto Tethys de Italia, liderado por el biólogo Joan Gonzalvo, documentó en las aguas del mar Jónico una conducta parecida también en esta especie de delfín. Lo que observaron fue cómo una hembra interactuaba con su cría muerta. Según el estado del cadáver podría deducirse que la muerte se había producido pocas horas antes. La madre empujaba repetidamente el cuerpo de la cría hacia la superficie, semejando un intento de volver a dar vida a la cría, según explicaba Gonzalvo.

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Hembra de delfín interactuando con la cría muerta. La Vanguardia

Otro caso ligeramente diferente ocurrió en la costa de la isla Mikura (Japón). Un grupo de científicos hallaron una hembra muerta de delfín y trataron de recuperar el cadáver ya que se encontraba a poca profundidad. Sin embargo, esto fue imposible ya que dos delfines machos custodiaban el cuerpo y evitaron que los observadores se acercaran.

Hasta ahora hemos mencionado casos en los que los delfines reaccionan a la muerte de sus congéneres pero… ¿reaccionan a la muerte de otras especies? Un acontecimiento fascinante es el que le sucedió a la bióloga Denise Herzing. Durante una exploración, un grupo de delfines que ya había estudiado anteriormente, permaneció a 15 m de distancia del barco, cuando lo normal era que se acercaran a saludar y nadaran en la estela de la embarcación. Entonces, supieron que una de las personas que iba en el barco acababa de morir mientras dormía, por lo que el barco emprendió camino de vuelta al puerto. El grupo de cetáceos escoltó al barco flanqueándolo a unos 15 m hasta llegar al puerto. Cuando después el barco volvió al mar, los delfines se comportaron de forma habitual, acercándose para saludar y nadando a su estela. Según relata la investigadora, en sus 25 años de trato con esos delfines, nunca los vio comportarse de aquella manera tan asombrosa. ¿Detectaron de alguna manera que había una persona moribunda en la embarcación? Por el momento, continúa siendo un completo misterio.

Si bien el delfín mular es posiblemente uno de los mamíferos marinos más estudiados, la atención a descendencia muerta también se ha observado en otros mamíferos marinos como en la nutria marina (Enhydra lutris), el manatí del Caribe (Trichechus manatus), el lobo marino de California (Zalophus californianus) y la foca común (Phoca vitulina).

Conciencia de la muerte en elefantes

Aunque se ha documentado la existencia de “cementerios de elefantes”, no es cierto que estos animales se dirijan a un sitio concreto cuando van a morir. Estos lugares con grandes concentraciones de huesos de elefantes parecen indicar que los individuos habían muerto en grupo, posiblemente debido a la caza o a desastres naturales (por ejemplo, periodos de sequía).

Los elefantes africanos (Loxodonta africana) no solo reaccionan dramáticamente hacia los cadáveres de otros elefantes, sino que también examinan con la trompa los huesos y los colmillos que encuentran. En un experimento en el que los investigadores mostraron a un grupo de elefantes varios cráneos, marfil y madera se observó cómo los animales tocaban el marfil también con los pies en algunos casos. Además, entre esos tres objetos del experimento los elefantes mostraron una mayor predilección por el marfil. En otro experimento en el que proporcionaron cráneos de elefantes, rinocerontes y búfalos a los sujetos del experimento, los elefantes manifestaron una clara preferencia por los cráneos de sus congéneres.

Pero esto no es todo. Después de décadas de estudios, la investigadora Cynthia Moss descubrió que los elefantes africanos reconocen incluso a sus parientes muertos aunque solo puedan acceder a los huesos. En una ocasión, esta investigadora observó cómo un grupo de elefantes pasaba cerca de varias mandíbulas que habían sido recogidas anteriormente para analizarlas. Todo el grupo se detuvo para examinarlas y luego siguieron su camino, pero un individuo de 8 años se quedó varios minutos más manipulando una de las mandíbulas. Al parecer, aquella mandíbula había pertenecido a su madre, que había muerto varios años atrás.

En algunos casos se ha visto asimismo que los elefantes no solo ayudan a individuos moribundos o muestran especial interés por cadáveres emparentados con ellos, sino que también lo hacen con individuos de otros grupos no emparentados. Un claro ejemplo es el de la elefanta Eleanor, la matriarca de una unidad familiar llamada Primeras Damas (First Ladies). Un día Eleanor cayó al suelo por un problema que tenía en las patas traseras. Una hembra de otro grupo, Grace, fue a ayudarla, intentando ponerla en pie y que caminara varias veces, pero Eleanor estaba muy débil y no consiguió siquiera mantenerse en pie. Mientras que el resto de los elefantes de ambas manadas siguieron su camino, Grace se quedó a cuidar a Eleanor hasta que el sol se puso. Desafortunadamente, la elefanta murió pocas horas después. En los días posteriores, hasta cinco grupos que pasaron por allí se acercaron, oliendo, tocando el cuerpo e inclinándose ante él. Por supuesto, también lo hicieron miembros de su misma unidad familiar. Todos estos casos son claros ejemplos de que los elefantes, al igual que los humanos, pueden compartir emociones como la compasión y tener conciencia e interés por la muerte.

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Grace tratando de poner en pie a Eleanor mientras caía la noche. Douglas-Hamilton et al., 2006
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Individuos de otra unidad familiar (Biblical Towns) y la cría de 6 meses de Eleanor visitando el cadáver de la matriarca de Primeras Damas. Douglas-Hamilton et al., 2006

Según James R. Anderson, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Kioto:

“Muchos estudios han argumentado la extensión de la capacidad para llorar a un fallecido a mamíferos socialmente complejos y de cerebros grandes. Pero ¿qué ocurre con los cuatro componentes necesarios para entender la muerte en los humanos? La evidencia es bastante sólida como para sugerir que a estas especies pueden aplicarse los componentes de irreversibilidad y no funcionalidad. Sin embargo, aun se desconoce si son capaces de comprender que todos los seres vivos (incluyéndose a sí mismos) mueren y de comprender las causas biológicas de la muerte”.

No obstante, queda mucho por estudiar y las futuras investigaciones darán mucho de qué hablar. De momento, la evidencia adquirida hasta ahora nos obliga a reflexionar sobre la inteligencia emocional de los animales. De cómo los tratamos inhumanamente en muchas ocasiones. De cómo, a pesar de todo, no son tan diferentes de nosotros y de cómo todos esos rasgos psicológicos e intelectuales que siempre hemos considerado exclusivos de nuestra especie están más repartidos de lo que creemos. Quizás es momento de cambiar nuestra visión sobre estos seres que comparten este trozo de universo con nosotros. Este asunto no lo damos por zanjado. Próximamente publicaremos la continuación, en la que expondremos nuevos casos con otras especies y discutiremos más a fondo si los animales comprenden realmente el concepto de muerte. Estad atentos.

 

REFERENCIAS

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