Dossier “BULOS DE LAS VACUNAS”. El ARN mensajero y las enfermedades autoinmunes

Cuando en la carrera estudié inmunología, allá por 2016, me enseñaron que las enfermedades autoinmunes responden a un desacierto de nuestro sistema inmune, que, por error, considera elementos del propio organismo como extraños y peligrosos y los ataca. No se entiende muy bien, por tanto, el que una vacuna de ARN (que emplea un ácido nucleico que no nos pertenece), por el mero hecho de que éste se introduzca en las células, vaya a generar una enfermedad autoinmune. Aunque también puedo ser una víctima más del sistema educativo gobernado por los poderes sinárquicos. Quién sabe…

Los argumentos que se emplean para sustentar estas afirmaciones se basan en la similitud existente entre la secuencia de aminoácidos de la proteína Spike del coronavirus y la de la proteína sincitina-1. Como el sistema inmune identifica a la proteína vírica que se genera a partir de la vacuna como un objetivo que combatir, lo mismo se supone que hará con la sincitina-1 por sus semejanzas. La vacuna sería, en consecuencia, causante de una enfermedad autoinmune importante, porque conllevaría directamente la “esterilización” de las mujeres afectadas o el aborto espontáneo en el caso de las mujeres embarazadas. El método ideal para reducir la población.

Esta es una de las conspiranoias favoritas de la fundadora de la web “Somos Bacterias y Virus”, la bióloga Almudena Zaragoza, y a las pruebas me remito:

“El resumen es sencillo, se inyectará un virus quimera (biomolécula con mezcla de material genético de diferentes especies) que evadirá nuestro sistema inmunológico y entrará en nuestras células con un buen mecanismo de transducción celular que traspasará la barrera de especie. Cuando entre, comenzará a sintetizar grandes cantidades de las proteínas sincitina 1 y 2, que son homólogas a la proteína S de SARS y a varios fragmentos de retrovirus endógenos humanos cuyo receptor ACE2 se encuentra en células de Sertoli y Leidig productoras de testosterona y que también se encuentra en la placenta de las hembras. La sincitina 2 inhibiría las células T del sistema inmunológico. Aquello que mediáticamente parece que se vende para controlar un virus respiratorio, biológicamente apunta a una especie de control de la reproducción y daño al sistema inmunológico, de los futuros vacunados. Una historia de terror muy real. Obviamente, hasta que no vacunen en masa no tendremos más datos, pero algunos medios de comunicación ya nos han empezado a decir que la COVID-19 también te puede dejar estéril, curioso que no digan lo mismo de la vacuna. Aquí os dejamos algunos artículos «negacionistas» para leer, mientras los #colaboracionistas obvian la verdad”

Esto es lo que ponía en un post de la página de Facebook que administra (y que puedes consultar aquí). Los artículos científicos que cita no respaldan sus predicciones, simplemente hablan de la presencia de los receptores ACE2 en células testiculares y de las sincitinas, pero ninguno habla de un plan maquiavélico para esterilizar a la población. Eso son solo imaginaciones y cavilaciones sin fundamento de la autora del post (y la prueba está en que no cita ninguna fuente seria que hable específicamente de esos planes distópicos).

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Estructura tridimensional de la polémica sincitina-1. ResearchGate

La sincitina-1 es una proteína fundamental en los mamíferos, pues interviene directamente en la formación de la placenta. Pero lo más interesante es que no es nuestra, por decirlo así. Nos la aportó un retrovirus. Durante un proceso infeccioso hace millones de años, uno de estos virus “se olvidó” un gen en el genoma del mamífero al que infectó, el que hoy conocemos como HERV-W. El susodicho fragmento genético acabó integrándose estructural y funcionalmente en nosotros, hasta el punto de jugar un papel tan destacado. Es uno de los famosos retrotransposones. Concretamente pertenece al grupo de los retrovirus endógenos humanos.

Efectivamente, la proteína vírica y la sincitina humana se parecen en algunas partes de sus secuencias aminoacídicas, pero no son idénticas como algunos han llegado a asegurar. Tengamos en cuenta que el número de aminoácidos es limitado. En la arquitectura de nuestras proteínas intervienen 20 aminoácidos, así que, lógicamente, el número de combinaciones que esos aminoácidos pueden formar es también limitada. Por tanto, lo raro sería no encontrar parecidos entre las proteínas humanas y otras ajenas. Además, ese parecido químico podría derivar de la función original que habría tenido la sincitina en el retrovirus al que pertenecía: habría controlado la fusión del virus con la célula huésped, al igual que hace la proteína Spike del coronavirus.

Fijémonos en la siguiente imagen:

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Gallaher (2020)

Estamos viendo las secuencias de aminoácidos (cada letra es un aminoácido) de una REGIÓN de las proteínas Spike del coronavirus BatRatG13 (el homólogo en murciélagos del SARS-CoV-2), del SARS-CoV-2 y de las proteínas sincitina-1 (HERV-W es el gen que la codifica) y sincitina-2 (Syn2), que también ha sido incluida en la conspiranoia. A primera vista, parece que hay algunos aminoácidos que coinciden en su posición. Pero, insisto, hablamos de una región muy concreta de esas proteínas, (seguramente la que más coincidencias presenta y que, no por azar, se ha elegido para realizar la comparación). Si comparásemos la estructura completa de las proteínas, veríamos que las semejanzas son escasas. El profesor Kenneth Witwer, neurólogo y patólogo de la Universidad John Hopkins, lo explica mucho mejor que yo:

“Podemos pensar en las proteínas como párrafos de un texto, utilizando un ‘alfabeto’ de aminoácidos de 20 letras. La sincitina-1 tiene 538 letras. La proteína espiga tiene 1273 letras. No hay una superposición significativa de ‘letras’ entre esas proteínas. Afirmar que las dos proteínas son idénticas o casi idénticas es como tomar dos párrafos de dos textos diferentes y afirmar que en realidad son el mismo párrafo simplemente porque la palabra ‘y’ aparece en ambos.”

Tampoco la forma de plegarse y el metabolismo de las proteínas permite aducir que se generará una reacción inmunitaria cruzada. Todo esto no es más que un mero ejercicio especulativo cargado de falacias y medias verdades aunque los conspiranoicos se empecinen en afirmarlo categóricamente como si fuese una verdad irrefutable.

Sea como fuere, lo cierto es que es mucho más razonable la versión «oficialista» que la conspiranoica. Porque, ¿no deberíamos haber visto a estas alturas centenares de miles de abortos espontáneos o problemas durante el embarazo en las mujeres que han pasado la infección? Sus sistemas inmunitarios tendrían que haber generado anticuerpos “anti-sincitinas” por su “gran parecido” con las proteínas Spike del virus. Algo que también debería haberse observado en el caso de las mujeres embarazadas que recibieron las vacunas en los ensayos de Pfizer y Moderna.

Bueno, vale, pero si no provoca esterilidad en mujeres, lo hace en los hombres

De entrada, ya resulta extremadamente complicado entender lo que intentan decir los conspiranoicos. Unos dicen que las vacunas de ARNm “bloquean” la proteína ACE2 (la llave de entrada del SARS-CoV-2 a las células), otros, como la secta “Médicos por la Verdad en Perú”, aseguran lo siguiente:

«Un estudio independiente de la Junta argentina de revisión científica da cuenta de que el anticuerpo generado por la proteína inducida por la vacuna sería el receptor AEC2 (…). Esto generaría inflamación crónica de los genitales y eventualmente esterilidad.»

Me parece que todavía no se han enterado sobre cómo funcionan las vacunas de ARNm. El ácido nucleico, cuando es “leído” por los ribosomas celulares, genera la proteína S del coronavirus, no un anticuerpo. Los anticuerpos son generados por los linfocitos B y T cuando detectan o reciben información sobre la presencia de la proteína vírica por parte de las células presentadoras de antígenos. La confusión también predomina en el post de Facebook que hemos analizado antes. Nos encontramos claramente ante una manifestación del fenómeno del “teléfono escacharrado”: los conspiranoicos se copian unas a otros e interpretan lo que leen a su manera. Al final se genera una gran cantidad de extrañas versiones que no hay por donde cogerlas.

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Reconstrucción de la interacción entre la proteína S del coronavirus y el receptor ACE2 de las células. Los conspiranoicos creen que el ARNm de las vacunas puede sabotear el funcionamiento de esa proteína y desembocar en infertilidad. News Medical

Difícilmente se intuye que lo que quieren dar a entender es que la vacuna se une al receptor ACE2 de las células testiculares, como las de Leydig, y bien lo bloquea directamente o insta al sistema inmune a que, además de atacar al ácido nucleico extraño, se lleve por delante también a la proteína ACE2, impidiendo de cualquiera de las maneras que ejecute sus funciones correctamente. De esta forma, las vacunas comprometerían la fertilidad masculina.

Vuelvo a insistir en que no comprenden el funcionamiento de estas vacunas y su objetivo. La misión es que el sistema inmunitario ejecute una respuesta regulada contra la proteína S del coronavirus y genere memoria contra ese antígeno para cuando el SARS-CoV-2 intente infectar el organismo, el sistema inmune lo reconozca inmediatamente y ejecute una respuesta secundaria veloz y específica. Pero no va a atacar a la proteína ACE2, las vacunas no están hechas para afectar nocivamente al propio organismo generando enfermedades autoinmunes. Es muy fácil de comprender, por eso es un insulto a la inteligencia que haya personas (algunas de ellas biólogos y médicos) que defiendan semejantes despropósitos.

Parece que tratan de hacer una analogía con el proceso de infección del SARS-CoV-2. Como el receptor ACE2 se expresa en células testiculares (de hecho, algunos estudios han identificado restos del virus en el semen de algunos pacientes) y el virus puede infectarlas, piensan que las vacunas harán algo parecido. Recordemos que las vacunas de ARNm sólo constan del fragmento que codifica la proteína S, el resto del virus está ausente, así que esa analogía no tiene sentido.

Por otro lado, todavía no es concluyente si el virus puede generar alteraciones en la fertilidad masculina. Respecto a su pariente, el SARS-CoV-1, algunas investigaciones sugieren un impacto negativo importante en la estructura y funcionalidad de los testículos. Por tanto, es razonable pensar que el SARS-CoV-2 pueda tener efectos similares cuando infecta las células testiculares. No obstante, hay mucho debate al respecto. Por ejemplo, en una revisión de 24 estudios, Mohammad Ali Khalili, de la University of Medical Sciences de Irán, y colaboradores recolectaron algunos estudios en los que se asociaba (de forma correlativa, no causal) la infección por SARS-CoV-2 con algunas alteraciones hormonales (reducción significativa de testosterona y de la hormona estimulante del folículo), entre otras cuestiones. El cómo esas alteraciones afectan a la fertilidad masculina no se conoce a ciencia cierta aún. Hasta que no se recopilen más resultados, no podemos llegar a una conclusión sólida.

Volvamos a los bulos. Los negacionistas manifiestan una misteriosa obsesión con la integridad de nuestra fertilidad. No obstante, las proteínas ACE2 se expresan en mayor o menor número en muchas otras células, como las del endotelio vascular, las del corazón, las del tejido adiposo, el intestino, el músculo e, incluso, el cerebro, entre otros muchos órganos y tejidos. Es decir, si milagrosamente el ARN de las vacunas afectase de algún modo al receptor ACE2, la menor de nuestras preocupaciones debería ser el estado de nuestra fertilidad. Por el contrario, todo nuestro organismo sufriría importantes daños. Seguramente ni siquiera tendríamos la oportunidad para poner a prueba nuestro potencial reproductor.

Sea como fuere, si a alguien le quedan todavía dudas, puede acudir a la ciencia para resolverlas. Hace unas semanas, se publicó un estudio en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA) donde los autores analizaban la posibilidad de que las vacunas «experimentales» de ARN mensajero (Pfizer y Moderna) pudieran generar alteraciones en la fertilidad de 45 varones de entre 18 y 50 años a través del estudio del volumen seminal, la concentración y motilidad espermática y el recuento total de espermatozoides móviles. Entre los voluntarios, había algunos con oligospermia. Los investigadores extrajeron una muestra seminal de los voluntarios en torno a los 75 días tras la administración de la segunda dosis. Hallaron que, no solo no se reducían ninguno de los parámetros estudiados tras la administración de la pauta completa de las vacunas, sino que se incrementaban significativamente dentro del rango normal (probablemente la causa fue la abstinencia a la que estuvieron sometidos los voluntarios, un requisito para evitar sesgos en los resultados). Ni siquiera los hombres con oligospermia sufrieron una reducción de esos parámetros. Aunque el trabajo presente algunas limitaciones, aporta los primeros resultados que confirman lo esperado.

Trastornos neurodegenerativos

Nuevamente, los negacionistas acuden a las sincitinas y sus presuntas semejanzas con la proteína S vírica para respaldar sus falacias. En esta ocasión, basan sus imaginativas teorías en la relación entre la sincitina-1 y el desarrollo de algunas enfermedades neurológicas. Parece ser que, además de su papel en la formación de la placenta, podría estar involucrada en el desarrollo de cáncer, algunas enfermedades autoinmunes o trastornos neurodegenerativos, ya que, en estas circunstancias, los científicos han hallado un incremento en la expresión de esta proteína. En el caso de las enfermedades neurodegenerativas, se ha asociado la sincitina-1 con la esquizofrenia, la esclerosis múltiple o la esclerosis lateral amiotrófica, y parece que cada vez más investigaciones apuntan en esa dirección. No obstante, debemos ser cautos: todavía hay poca información y poco se sabe sobre el papel de esta proteína en esas patologías (se ha sugerido que puede actuar induciendo reacciones inflamatorias exacerbadas que generen daños fisiológicos en las células nerviosas una vez ha sido detectada por el sistema inmune como un antígeno). Además, debemos tener en cuenta que en esas patologías intervienen muchísimos más factores. Una posibilidad, por tanto, es que el papel de la sincitina-1 sea secundario si lo comparásemos con la influencia del resto de esos factores.

A los conspiranoicos les da igual la precaución y, como si fueran los más expertos en el tema, dan por hecho todo lo anterior. Sin embargo, como ya he detallado anteriormente, los verdaderos expertos aseguran que las sincitinas y la proteína S del coronavirus distan de ser parecidas, por lo que no hay temor a que los anticuerpos estimulados por la vacuna se confundan y ataquen al propio organismo. En ese mismo sentido se ha manifestado la Fundación Esclerosis Múltiple:

“Con base en el conocimiento de los estudios de otras vacunas y la EM (esclerosis múltiple), no hay ningún indicio que haga suponer que las vacunas de la Covid-19 deban tener un efecto negativo en la evolución de la EM o deban interferir con la eficacia y seguridad de las terapias modificadoras de la enfermedad.”

Fijémonos, además, en que sería la sobreexpresión de sincitinas lo que presuntamente influiría en la aparición o el empeoramiento de esos trastornos. Por tanto, si las vacunas generasen una reacción cruzada contra las sincitinas, podría venir bien incluso para luchar contra esas enfermedades (aunque por el camino generasen también esterilidad)…

esclerosis multiple-enfermedades neurodegenerativas-vacunas arnm-covid 19- sars cov 2-esquizofrenia
Detrás de la esclerosis múltiple hay muchas causas. De una u otra manera, todas ellas estimulan la degradación de las vainas de mielina de los axones de las células nerviosas directa o indirectamente, lo cual degenera en una comunicación nerviosa deficiente entre el cerebro y el resto del organismo. Ecotoxsan

Por otro lado, una extensa revisión publicada en la revista Neurology por Alexander Hapfelmeier y colaboradores demuestra que la vacunación no es un factor de riesgo para la esclerosis múltiple. En la misma incluyeron las vacunas de la gripe, de las hepatitis A y B, del tétanos, del meningococo y muchas otras, y en ningún caso encontraron un vínculo. Lo más seguro es que suceda lo mismo con las vacunas contra la COVID-19, incluyendo, por supuesto, las de ARNm, las cuales, aunque empleen una tecnología novedosa, siguen basándose en los mismos fundamentos que las tradicionales.

Conclusión: el riesgo de que las vacunas de la COVID-19 desencadenen algún tipo de enfermedad autoinmune es mínimo y, por descontado, no existe absolutamente ninguna evidencia que apoye la charlatanería conspiranoica.

REFERENCIAS

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