Las “cortinas de humo” constituyen una estrategia empleada cada vez más frecuentemente por políticos y medios de comunicación para desviar la atención de las masas de las cosas verdaderamente importantes y ocultarlas. La expresión tiene hoy, por tanto, un uso metafórico, pero hace no mucho se utilizaba (y todavía se sigue haciendo) en el campo militar para confundir a los adversarios y adquirir ventaja estratégica. Veamos algunos ejemplos:

Guerra de Secesión estadounidense
(1862)
Las tropas sureñas quemaban alquitrán y leña para generar un denso humo negro en el mar y romper el bloqueo de los puertos
Primera Guerra Mundial
(1914 – 1918)
Utilizando hojas y paja seca, se creaba una neblina que ayudaba a ocultar las tropas propias. A partir de entonces, los métodos empiezan a hacerse más sofisticados empleando sustancias químicas que podían ser arrojadas desde aviones
Segunda Guerra Mundial
(1939 – 1945)
Los pilotos dispersaban tetracloruro de titanio desde aviones equipados con tanques de gas. En contacto con la humedad, el líquido se hidroliza y se transforma en un denso gas blanco. Las cortinas podían alcanzar los 30 metros de longitud y servían para ocultar barcos, aviones y tanques
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